No es extraño que un científico, un físico católico, tenga la vision. Como científico, la búsqueda coherente de la verdad le impide tomar cualquier atajo que se aparte del camino que le proporcionan los fundamentos y la metodología de la ciencia. Pero como católico, sabe muy bien por la fe, que detrás de esa verdad empírica estará siempre Dios presente y que nunca lograremos en esta vida alcanzar la Verdad en plenitud. Esta dualidad, genera una tensión de superación y búsqueda permanente y nos hace ver el pensamiento científico como algo incompleto y en elaboración continua. Cada realidad escrutada, nos remite siempre a planos superiores del pensamiento con el convencimiento de que Dios está detrás de ella, y que es nuestra obligación analizar bajo qué forma se nos presenta.
Creo suponer que por esta razón Carlos no ha mezclado los discursos y los ha separado con una diapositiva sin contenido, neutra. Separa así dos discursos, manteniendo gran respeto y coherencia en cada uno de ellos, pero simultáneamente, preservando toda su identidad. Muchas veces la humanidad ha intentado mezclar las cosas o eliminar uno de los enfoques y normalmente, el resultado nunca ha sido demasiado bueno.
Hace ocho siglos Santo Tomás de Aquino nos decía por una parte, que no hay nada en nuestra mente que no haya pasado primero por los sentidos, lo que parece una adhesión completa al primer discurso, pero mantiene simultáneamente un discurso dual, una doble fuente en el plano del conocimiento al tratar la revelación. Esta postura fue confirmada en numerosas ocasiones y se mantiene viva en la Iglesia hasta la fecha. Como católico, también comparto esta perspectiva y por lo tanto, tampoco me gusta mezclar.
Antes de terminar, Carlos presenta una antigua y famosa fotografía tomada en 1933, en la que aparecen juntos tres científicos famosos: Robert Millikan, George Lemaître (creador del modelo del Big-Bang) y Albert Einstein. Como el segundo es un sacerdote, se ha considerado significativa su presencia junto a Einstein y en ocasiones, se la suele presentar como un ejemplo del diálogo entre ciencia y fe. Debemos señalar que esto es sólo parcialmente cierto.
Para comenzar, aunque uno era sacerdote y ambos creían en Dios, en la relación que tenían, ambos actuaban como científicos. Según algunos testigos, es sabido que se respetaron profundamente y se comprendieron muy bien. Sin embargo, sin abandonar ninguno la perspectiva científica, no lograron entenderse hasta el grado de compartir sus teorías sobre el universo físico, a pesar de cultivar la misma disciplina científica.
lunes, 1 de junio de 2009
Mision
La mision del descubrimiento de la vida Hasta el siglo XVII, era creencia común que Dios había creado las plantas y los animales. También se aceptaba que ciertas criaturas se formaban espontáneamente a partir de distintas materias primas. Los gusanos y las moscas, del estiércol; los piojos, del sudor humano; las luciérnagas, de las chispas de las hogueras.
La generación espontánea estaba avalada por respetadas personalidades. La habían defendido Aristóteles, Plotino, San Agustín y Santo Tomás de Aquino. Algunos arriesgaron recetas. El alquimista Johann Van Helmont (siglo XVII) publicó cómo fabricar ratones con trapos viejos y un poco de trigo.
A partir del siglo XVII, varios experimentos probaron que los seres vivos se forman solamente a partir de seres vivos. Uno de los trabajos más recordados, con microbios, es el del químico Louis Pasteur. En los años 60 del siglo pasado, los resultados de Pasteur se abrieron paso con dificultad en medio de creencias milenarias. Los acompañaba una idea igualmente reciente y provocativa. La del biólogo Charles Darwin, quien aseguraba que la vida, como la conocemos, es la consecuencia de un lento proceso evolutivo regido por la selección natural.
La generación espontánea estaba avalada por respetadas personalidades. La habían defendido Aristóteles, Plotino, San Agustín y Santo Tomás de Aquino. Algunos arriesgaron recetas. El alquimista Johann Van Helmont (siglo XVII) publicó cómo fabricar ratones con trapos viejos y un poco de trigo.
A partir del siglo XVII, varios experimentos probaron que los seres vivos se forman solamente a partir de seres vivos. Uno de los trabajos más recordados, con microbios, es el del químico Louis Pasteur. En los años 60 del siglo pasado, los resultados de Pasteur se abrieron paso con dificultad en medio de creencias milenarias. Los acompañaba una idea igualmente reciente y provocativa. La del biólogo Charles Darwin, quien aseguraba que la vida, como la conocemos, es la consecuencia de un lento proceso evolutivo regido por la selección natural.
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